El socialista que prefería a Franco
El Presidente está muy irritado por los incidentes a que ha dado ocasión el paso de Aguirre por Barcelona. «Aguirre —dice— no puede resistir que se hable de España. En Barcelona afectan no pronunciar siquiera su nombre. Yo no he sido nunca —agrega— lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas, me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos las entenderíamos nosotros, o nuestros hijos, o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco. Y mientras, venga pedir dinero, y más dinero…».
Antes de nada, situémonos en el tiempo en que se producían tales afirmaciones, para no escandalizar a quienes quieran ver en en título una tergiversación intolerable con palabras sacadas de contexto.
29 de julio de 1937, en plena Guerra Civil Española. Manuel Azaña, Presidente de la República, recoge los últimos acontecimientos en sus Diarios, en concreto en el Cuaderno de la Pobleta, y reproduce una conversación con Juan Negrín (PSOE), Presidente del Gobierno. Las principales acciones militares se centraban entonces en el Frente Norte. A finales de junio había caído Bilbao, mal defendido por un Ejército Vasco que se había formado precipitadamente para defender únicamente su territorio, en continuas desavenencias con el ejército de la República, al que se le exigían medios pero se le toleraban de mala gana las intromisiones. Aguirre, presidente o lehendakari del gobierno vasco, había huido de Bilbao a Barcelona a hacer causa común con sus correligionarios catalanes de la Esquerra. Mientras en la España republicana los anarquistas luchaban por hacer su revolución a la vez que la guerra, los comunistas también, pero ganando antes la guerra, los gobiernos vasco y catalán aprovechaban la guerra para avanzar hacia su independencia aunque, eso sí, exigiendo recursos y material bélico al gobierno central, y mientras la República se veía impotente para defenderse, tratando de sostenerse sobre tanto egoísmo, división e insolidaridad, el presidente del Gobierno manifestaba su indignación en esos términos que dejó don Manuel Azaña por escrito: Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos las entenderíamos nosotros, o nuestros hijos, o quien fuere.
Esto también es Memoria Histórica, aunque se trate de hechos y episodios que, como tantos otros, no agradan nada a sus devotos y promotores. El régimen de Franco construyó el relato que le convenía y silenció lo que no interesaba. El régimen de la Transición del 78 abrió todas las puertas y pudimos asomarnos a aquella parte de la historia, y leímos lo necesario para avergonzarnos de aquella tragedia y construir un clima de convivencia que la dejara atrás definitivamente y para siempre. Pero ahora, el régimen de la Memoria Histórica se obstina en construir el relato que le conviene y silenciar lo que no interesa. Justo lo que hacía aquel régimen franquista del que tanto abominan.
Aquella conversación entre Juan Negrín y Manuel Azaña tuvo lugar en 1937. Casi noventa años después no deja de sorprendernos. Y de llevarnos a una serena y sincera reflexión.

La izquierda española en mayor medida, pero también le ocurre a la derecha, se empeña en ver la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga en el propio. Continuamente usan la proyección, y acusan al contrario de lo que ellos mismos hacen. Desde el principio esa ha sido la farsa practicada por el bipartidismo acordado.