El Monumento a los Caídos de León

Se entiende que hablamos del monumento a los Caídos por Dios y por España, uno de aquellos que se erigieron por todas las ciudades y pueblos para celebrar la victoria y honrar a los muertos de la Guerra Civil. Y aunque en ellos era común la frase «A todos los que dieron su vida por España», estaba claro que se refería a los que dieron su vida por una idea de España, que no era la misma que tenían los que perdieron la guerra y que, lógicamente, no estaban representados en aquellas construcciones.

La mayor parte de aquellos monumentos empezaron a desaparecer al poco de morir Franco. Eran tiempos de reconciliación, de olvido, de dejar atrás de una vez el enfrentamiento entre dos ideas de España, de dejar de hablar de vencedores y vencidos, de enterrar el pasado, de mirar al futuro. Eran los tiempos de la Transición del 78.

Pero no eran tiempos fáciles. Los pocos nostálgicos de la victoria se resistían a retirarlos, y algunos duraron más tiempo del que se quisiera. En algunos casos se modificaron para que recordaran, ahora sí, a todos los que murieron por sus ideales, o por el torbellino que les arrastró muy a su pesar, independientemente del bando en el que les hubiera tocado luchar. Aquellos monumentos en su mayor parte desaparecieron: evocaban un pasado que era mejor olvidar. Eso sí, para conseguirlo hubo que esperar a la muerte de Franco y el final de la dictadura.

León, como no podía ser menos, tiene su monumento a los caídos. Está aquí:

Bueno, aclaremos. No está, sino que estaba aquí.

Tengo un lejano recuerdo, de niño, mediando los años 60, de una singular construcción en ese extremo de la plaza de San Isidoro, próximo a mi casa. El valor que tenía aquello para mí era un remate lateral de línea ondulada, que formaba un perfecto tobogán. La piedra estaba desgastada por el uso —como tobogán—, y es que en aquel tiempo éramos muchos niños para pocos parques. Eso sí, había que tener cuidado con un policía municipal —el chiri, decíamos— que andaba por la plaza y no permitía que los niños hicieran un uso irreverente —eso lo entendí después— de aquel lugar.

La columna trajana que se eleva actualmente en ese lugar se construyó en 1968, para conmemorar el XIX centenario del asentamiento de la Legión VII Gemina en lo que sería la ciudad de León. A la vez que se arreglaba la plaza, con ese empedrado característico que tiene desde entonces, y se construía un nuevo edificio para el Colegio Leonés, en sustitución del antiguo, se completó el conjunto con la columna conmemorativa. Y lo que allí había desapareció. Sin más.

Son recuerdos tan lejanos que me cuesta recordar cómo era aquello. Hasta que, no hace mucho tiempo, encontré esta foto:

Un monumento conmemorativo de la Guerra Civil que se desmantela treinta años después, en pleno franquismo, se sustituye por un conjunto elegante y armonioso, y no pasa nada.

Nunca, hasta ahora, cuando contemplo esta foto, había sabido qué significaban aquellas piedras. Ni nadie se tomó la molestia de explicármelo. Eran un simple tobogán. Porque mis padres no me hablaban del pasado. Se esforzaban por educarme para el futuro.

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