El espejismo
¿Vivimos actualmente en un espejismo? ¿Ante una realidad paralela que nos hace que veamos el mundo que tenemos enfrente, y que también nos rodea, como deseable por su carácter onírico, pero irreal?
Hemos pasado de luchar incansablemente por la defensa de los principios, valores y buenas costumbres a través de nuestra Constitución y las leyes y normas que la recogen, a retorcerla de manera que todo lo que emanaba de ella y nos servía de acicate para defender nuestro país, ha sido transformado. Hoy ya casi no se habla de su poder para unirnos desde nuestra perspectiva y visión de ciudadanía: solo se escucha su eco en los debates parlamentarios. Intercambios de opinadores que se han convertido en guarderías de niños malcriados, ya creciditos, que sólo buscan su minuto de gloria atacando a su contrincante y donde los pocos que hacen de padres de ese combate del «y tú más», no son capaces de poner disciplina dentro del hemiciclo. La educación y la cordura han pasado a segundo o tercer plano.
Todos nos hemos mirado al espejo alguna vez, sabemos lo que tenemos delante, lo que representamos y el papel que desempeñamos. O deberíamos saberlo. El espejismo es una forma que utilizan nuestros representantes públicos para distorsionar la realidad, presentándonos otra que nos llevará irremisiblemente a ver lo malo como bueno, y así perder la esencia que nos empuja a luchar contra la tiranía que nos arrincona y nos debilita para someternos a un sinsentido.
Ha tenido que llegar un personaje narcisista, psicópata y maquiavélico, sin escrúpulos, para que la débil democracia que teníamos, deteriorada cada vez más por los que le precedieron, arrastre a un montón de cómplices, dentro y fuera de la política, utilizando las armas más materialistas y perversas, y que con estos mimbres haya conseguido un ejército de pequeños dictadorzuelos que alimentan un poder en la sombra al tiempo que huyen de mirarse al espejo de su conciencia, empezando por su líder, que se ha mentalizado muy concienzudamente como buen vampiro moderno, no para no ponerse frente al espejo que le destruiría, sino frente a ese espejismo que le encumbra a los infiernos, arrastrando a todo aquel que le siga ciegamente.
