Viva la República
Estábamos uno de estos domingos en Ordoño, una vez más, interrumpiendo el alegre y placentero paseo matinal de los leoneses, que nos contemplaban con aire indiferente, mientras como voz que clama en el desierto, micrófono en mano, expresábamos nuestros temores y desasosiego ante este futuro inquietante que cada vez vemos más cercano.
Pasó un transeúnte por el medio de la avenida y nos obsequió, entre provocador y divertido, con el grito «¡Viva la República!».
Viva la República… Pues a lo mejor una república resulta ser la solución para los males que aquejan a España en estos tiempos. Pero… ¿cómo sería esa república que tanto entusiasmo despierta en algunos?
Tal vez en esa república, a la que jaleaba el transeúnte, todos los españoles seríamos iguales ante la ley. No importaría el lugar de residencia, tendríamos los mismos derechos y obligaciones independientemente de que viviéramos en Extremadura, en Galicia, en Canarias o en Cataluña. Pagaríamos los mismos impuestos y nos beneficiaríamos de los mismos servicios públicos. Podríamos hablar el idioma común de la nación en cualquier lugar, y nuestros hijos estudiarían en castellano, sin dedicar la mayor parte de la jornada escolar a perder fluidez y competencia lingüística en español, la lengua que hablan cientos de millones de ciudadanos en el mundo. ¿Sería así su república?
También sería magnífica si, llevados ante un tribunal, tuviéramos unos jueces y magistrados imparciales, profesionales, independientes, no favorecidos ni promocionados por partidos políticos que los nombraran para favorecer sus intereses. ¿Sería así su república?
Posiblemente pensaba el transeúnte en una república en la que las leyes se respetaran y se aplicaran con justicia y rigor, sin que los partidos en el poder las retorcieran y desvirtuaran a conveniencia para favorecer a sus compinches, o para borrar delitos despreciando con absoluto descaro el Código Penal. ¿Sería así su república?
A lo mejor el transeúnte tenía una pequeña empresa y pensaba que su república iba a agilizar el mercado laboral, y le facilitaría la contratación de esos profesionales que actualmente rechazan trabajos porque, entre paro, ayudas y beneficios, cobran más quedándose en casa que firmando un contrato. Y también le permitiría contratar a las personas más cualificadas sin tener que hacer equilibrios en la plantilla de su empresa para cumplir con las cuotas de género, raza, religión u orientación sexual. ¿Sería así su república?
Esa república que tanto entusiasmaba a nuestro transeúnte tendría también gobernantes que cumplirían sus promesas electorales, y nunca cambiarían de parecer por pura conveniencia personal o partidista. Excelente república sería la que impusiera la honradez y los sólidos principios democráticos a los representantes de la voluntad popular. ¿Sería así su república?
Tal vez nuestro republicano transeúnte tiene un piso, y pretende honradamente mejorar sus ingresos alquilándolo, y sueña con una república que expulse de su vivienda a los delincuentes que se acomodan en ella con total descaro e impunidad, generando gastos que tiene que pagar de su bolsillo mientras contempla desolado cómo destrozan su propiedad. ¿Sería su república implacable con los que se apropian y destruyen las propiedades ajenas?
La república de nuestro transeúnte posiblemente no le obligaría a gastar un dineral para tirar a la basura su coche de motor diésel y comprar un carísimo coche eléctrico que, con todas sus limitaciones, contribuirá a reducir ínfimamente el 25% de las emisiones de CO2 del mundo occidental. Mientras tanto, seguirán produciendo y quemando petróleo la República Bolivariana de Venezuela, la República Popular China, la República Islámica de Irán, la República de la India, y las antiguas repúblicas socialistas soviéticas, todas ellas responsables y cómplices del 75% de las emisiones y que, aun siendo repúblicas, nada hacen para salvar al Planeta. ¿Sería su república cómplice de esta hipocresía climática?
También soñará el transeúnte con su república en libertad, en la que no le insulten llamándole fascista, comunista, homófobo o racista si no comulga con la ideología que imponen unas desequilibradas mayorías parlamentarias. ¿Existiría esa libertad en su república?
Nosotros, igual que nuestro republicano transeúnte, también deseamos que vuelvan la libertad, la justicia, la igualdad y el bienestar, que en Francia, o en Inglaterra, o en Suecia o en Austria, no entienden de monarquías ni de repúblicas.
No nos preocupan las monarquías ni las repúblicas, ni los emiratos ni los imperios, ni las tribus ni los concejos abiertos. Nos preocupa la España en la que queremos vivir en paz, en libertad, en progreso. Para la defensa y difusión de estos valores hemos formado la Sociedad Civil Leonesa.
¿Viva la República? No. Viva España.
